La respiración está ahí todo el tiempo, pero casi nunca le prestamos atención.
Cuando estás tenso o preocupado, la respiración cambia. Se vuelve más rápida y superficial.
Y eso hace que la mente se acelere aún más.
Volver a una respiración más tranquila
Respirar despacio no es algo complicado. Es algo que el cuerpo ya sabe hacer.
- inspirar de forma más lenta
- dejar que el aire baje al abdomen
- soltar el aire sin prisa
Este pequeño cambio puede hacer que todo el cuerpo se relaje poco a poco.
Un minuto puede ser suficiente
No hace falta sentarse mucho tiempo ni hacerlo perfecto.
- un minuto puede marcar la diferencia
- puedes hacerlo en cualquier momento
- no necesitas prepararlo
Es una pausa sencilla dentro del día.
Un hábito pequeño pero constante
Cuando repites este gesto varias veces al día, el cuerpo empieza a responder más rápido.
No cambia todo de golpe, pero sí crea un espacio más calmado desde el que actuar.
A veces, la calma empieza con algo tan simple como respirar un poco más despacio.